Presentación libro Colección de Ensayos Críticos GALEMIRI Abril 2017 BiblioGAM
Presentación Colección de Ensayos Críticos GALEMIRI
Editores: Carola Oyarzún y Cristián Opazo. Santiago de Chile: Ediciones UC, 2016
Me gustaría primero agradecer el honor de ser invitada junto a Raúl Osorio a presentar el libro Colección de Ensayos Críticos GALEMIRI, editado por Carola Oyarzún y Cristian Opazo. Esta oportunidad es sumamente significativa para mí ya que conocí a mi maestro Galemiri el año 2003, cuando realizó una Residencia de Autor en la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica mientras yo era estudiante; luego, el año 2006, entregué mi tesis de investigación con la guía de la profesora Oyarzún, sobre el texto Los Principios de la Fe estrenada el año 2002 bajo la dirección de Adel Hakim. De esta forma, he tenido el placer de conocer a Benjamín y su obra durante 14 años y he aprendido mucho.
Primero, me gustaría señalar que Benjamín es un dramaturgo que se dedica exclusivamente a la escritura teatral; no es un actor que escribe teatro como tampoco un director que lo hace. Benjamín es un escritor que trabaja desde una suerte de torre de marfil, sin embargo, su torre de marfil es un café Tavelli en Providencia. De este modo, su escritura es profundamente teatral y se instala en diálogo y crítica permanente con la tradición dramatúrgica chilena y mundial.
A inicios del año 2016, Benjamín me entregó el monólogo inédito LA POST-LULÚ o la pena tecnológica para llevarlo a escena como actriz y con la dirección de Francisco Martínez Batarce. Estrenamos este proyecto el 2 de Diciembre de 2016 en el Teatro Camino. En una de nuestras primeras conversaciones al respecto, Benjamín me dijo: “Escribí esta obra para romperle la cabeza a los críticos.” Por lo que no me sorprendió cuando en el texto encontré las siguientes líneas:
SE NOTA QUE TUS COLEGAS DE TEATRO ESTÁN EN TENSIÓN. LOS AUTORES TEATRALES SON DE OTRA ESPECIE, NO SON GENTE DE TEATRO, BRAMAS. A TI GALEMIRI, NO TE HACE MUCHA GRACIA LA IDEA, PERO ESTABAS FIRMEMENTE CONVENCIDO DE QUE ASÍ ERA.
De esta forma, pareciera necesario indagar sobre quién es el autor teatral Benjamín Galemiri y a la luz del lanzamiento de un libro dedicado al estudio de su obra e implicancias, la pregunta por su vigencia pareciera ser una piedra de toque necesaria de enfrentar.
Eduardo Guerrero del Río en su artículo “El Coordinador: un análisis en nuevos tiempos” declara: “De una u otra forma, también algo ha pasado con la dramaturgia de Benjamín Galemiri. Algo ha pasado con el propio Galemiri. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Pero, en todo caso, una primera etapa de su dramaturgia aún nos sigue deslumbrando, lo que nos permitió aseverar, en su momento, que fue el dramaturgo más importante del teatro chileno de la década de los noventa…” (44)
En la misma línea, Cristián Opazo en su texto “Después de la revolución: El Coordinador, de Benjamín Galemiri” expone: “Según creo, [Rodrigo] Pérez intuye que, cuando la intertexualidad desbordada de los diálogos del (auto) denominado teatro pos moderno deviene recurso abusado, corre el riesgo de ser percibida como mera verbosidad.” (85)
Finalmente, Mauricio Barría Jara en su artículo “Déjala Sangrar: la política de la deuda sacrificial como reificación de la derrota y el texto como síntoma de una época” declara: “La obra de Benjamín Galemiri es uno de los fenómenos más paradójicos de la escena nacional actual. Como ninguna otra, pasó de la sobreexposición mediática al olvido más radical. Es como si se hubiese decretado sobre su dramaturgia una extraña e injusta insolencia temprana, como si ya no pudiera dialogar con el presente.” (91) y concluye su argumento al plantear: “Desde esta lectura es posible comprender la complacencia mediática que recibió su trabajo, especialmente durante los primeros años del siglo XXI y que hoy, paradojalmente, lo condenan al más rotundo silencio. ¿Acaso su dramaturgia fue recibida en consonancia con el discurso de la teoría del autoritarismo con el que se pretendió explicar la ideología de las dictaduras del cono sur (…)?” (118)
Es así como la pregunta por la vigencia del trabajo de Benjamín permanece provocadora, luego de un aparente éxito inicial durante la década de los 90’ cuando fue consagrado como “dramaturgo de la transición.” Sin embargo, desde otro punto de vista no parece real la percepción que indica que fue el dramaturgo más importante del teatro chileno y más bien, parece certera la extraña e injusta insolencia temprana que no reconoce su permanencia y prolífica producción.
El año 2016, fue un año especialmente fértil en la producción teatral de las obras de Benjamín Galemiri. El dramaturgo fue invitado por el Teatro Nacional Chileno a escribir una versión autoral de “El Avaro” de Molière para la celebración de sus 75 años y que contó con la dirección de Andrés Céspedes. Del mismo modo, su comedia negra “El Lobby del Odio” fue llevada a escena por el director Rodrigo Bazaes Nieto para celebrar los 15 años del Centro Cultural Matucana 100 y se prepara el estreno para Noviembre de 2017 de “Karl Marx, año zero” con la puesta en escena de Heidrum Breier. Además, de lanzar sus “Obras Completas II” en la Feria Internacional del Libro de Santiago con Uqbar Editores y realizar una Residencia de Autor en el Théâtre Quartiers d’Ivry (París) bajo la dirección de Adel Hakim para un nuevo estreno durante el segundo semestre de este año.
Por lo tanto, me atrevería a decir que queda más que comprobado que aún Benjamín puede dialogar con el presente, que no es el mismo porque ha crecido y que el trabajo que realiza de intertexualidad desafía al lector de teatro y al espectador de la puesta en escena permanentemente porque les demanda trabajo: Benjamín busca a un espectador emancipado, activo y laborioso.
Carola Oyarzún en su artículo “Desborde acotacional en la escritura de Benjamín Galemiri” ofrece: “Algunas respuestas sobre las acotaciones: (…) desplegar un gran diccionario socio-político y cultural que sobrepasa la acción dramática y que nos apela sistemáticamente. Galemiri [nos dice]: “(…) darle todo el poder a las didascalias frente a los diálogos, que es una manera de poner en crisis la obra frente al público y el lector.” (21) Porque no cabe duda que uno de los rasgos más destacados por la crítica en la producción de Benjamín es su particular escritura de acotaciones y didascalias, a momentos, incluso comparado a la voz de un narrador omnisciente que interviene a diestra y siniestra en el accionar de sus personajes.
Es así como el mundo de las acotaciones es bastante fértil y por tanto, dispuesto al juego:
Roman Ingarden en “Las funciones del lenguaje” en Poética 8 expone: “Toda obra dramática posee un texto primario, el dialogado y un texto secundario, la acotación: ambos textos mantienen una relación dialéctica: El texto de los actores permite entrever la manera en que el texto debe ser enunciado, y complementa las indicaciones escénicas. Inversamente, el texto secundario explica la acción de los personajes y, por lo tanto, el sentido de sus discursos… Esta concepción estética parte del principio de que el autor tenía, al escribir, cierta visión/visualización de la escena que la puesta sobre el escenario debe restituir.” Con todo, me atrevería a decir que la producción dramática de Benjamín y su particular uso de las didascalias, más que revelar la visualización iniciática que la puesta en escena debería reconstruir; penetra el particular modo del decir, sus significados, sus implicancias y empodera tanto al espectador como al lector como al actor en el acto liberador de decir y escuchar - aquello que tantas veces no podemos ni tampoco imaginamos que necesitamos expresar.
Anne Ubersfeld en su texto Diccionario de términos claves del análisis teatral define:
Disdacalias internas: las indicaciones dadas al director de escena también pueden figurar en el interior del texto (es el caso de la mayor parte de las didascalias de Shakespeare). “Usted tose mucho, señora, ¿le gustaría un poco de este jugo de regaliz?”, dice Tartufo a Elmira (Molière, Tartufo, acto IV): acto escénico, las relaciones gestuales están indicadas, entramando lo escénico con lo verbal.
[Las didascalias] Autónomas o internas, (…) no podrían programar la totalidad de las condiciones de enunciación ficcionales y escénicas; se precisa la construcción de un texto* de didascalias nuevo, del director de escena y de los teatristas.
Me parece, entonces, que Benjamín trabaja precisamente en este territorio y lo expresa a través de su gran pasión: el lenguaje cinematográfico; demandando de los teatreros el reconocimiento de un guión, la construcción de un guión técnico y un story board para llevar a escena sus obras de teatro.
Su texto “Karl Marx, año zero” se abre con la siguiente línea: “La gloriosa e inquietante canción de Laurie Anderson, “Oh, Superman” repleta estas didascalias. Entonces, haremos juntos precisamente lo que Benjamín solicita, escuchar “Oh, Superman”:
Tomen un momento para escuchar a Laurie e imaginar que es así como arrancan las 4 páginas de didascalias que Benjamín escribe para “Karl Marx”:
En su inmensa soledad de magnánima nobleza, el para algunos jactancioso provocador social, para otros la estrella de la restauración mundial, y para unos pocos el que se ha clausurado ante las tentaciones filosóficas burguesas y ha asumido su ser en sí mismo, como un espejo del ser en el mundo del proletariado.
Texto que se cierra previo a toda la línea para el actor de la siguiente manera:
The leader of the group.
Marx, como Marlon Brando, en “El último tango en París”, posee a la sirvienta de su casa contra un muro, anhelante, exasperado, con aquella su tos cavernosa y rugiente y mientras hacen furiosamente el amor, y al mismo tiempo charla, irónico dispositivo de la obra.
Es así como Benjamín ofrece un mundo y dentro de ese mundo el placer de decir lo inefable, lo que a momentos es imprescindible decir.
Catherine Boyle inicia su artículo “Los desafíos de la traducción de la imaginación dramática” con la siguiente cita: "Un periodista me dijo que le sorprendía que hubiera aceptado la invitación a participar en la conferencia de prensa. Dijo: “Esperábamos que gatearas bajo una roca a morir.” Luego dijo: “Me equivoqué. Quise decir: a esconderte. No a morir.” Lewinsky sonríe: “Pero sí dijo, a morirte." The Guardian, 2016.
En Déjala Sangrar VIRNA y MIJAIL KAPRISKI mantienen el siguiente diálogo con la permanente interrupción de didascalias:
VIRNA. - Me gusta hablar con usted, eso es todo.
(CUANDO DIJO ESTO, SINTIÓ QUE TENÍA EL
CORAZÓN DE PIEDRA)
VIRNA. - Frotémonos la porquería.
MIJAIL KAPRISKI. - Lo único que la calienta es el desprecio.
VIRNA.- Sí. Soy así, desde los quince años.
(VIRNA COMENZÓ A TEMBLAR DE
UN MODO ESPANTOSO.)
MIJAIL KAPRISKI. - Puta liberada.
(SACUDIÉNDOSE EN APARATOSOS ESPASMOS
CON ESE DONAIRE PERVERSO.)
VIRNA. - No necesito que me conceptualice, necesito que me lo meta.
MIJAIL KAPRISKI. - Sin blues, sin vino tinto, ¿sin baile?
VIRNA. - … como una detonación.
(ENSEGUIDA, DEJÓ DE TEMBLAR,
MIJAIL SE DESPLAZA AGOBIADO FRENTE A ELLA, Y
PASA A LLEVAR UNA LÁMPARA HOLANDESA QUE SE DESTROZA EN EL SUELO.)
VIRNA. - ¿Está molesto por algo que dije, hice, comenté?
No soy mucho, corazón, clávalo en tu mente.
MIJAIL KAPRISKI. - En mi familia, había una sola persona que valía la pena. No era yo, obviamente.
(TENÍA UN ASPECTO INFELIZ, CON LAS ALETAS DE LA
NARIZ INFLAMADAS Y LA VOZ CASCADA, ENTONCES,
VIRNA PENSÓ QUE QUIZÁ MIJAIL SE
SENTÍA HUÉRFANO.)
VIRNA. - En mi familia, había una sola persona que valía la pena,
era yo, naturalmente.
Benjamín lo sabe bien, sus obras producen amor u odio. Yo no lo había experimentado. Una vez que comenzamos con las funciones de LA POST-LULÚ o la pena tecnológica un día le dije a Benjamín: “Oye, hay gente que se va en la mitad de la obra, pero no en cualquier momento… El otro día estaba haciendo la sección de la confesión de la violación del padre y en ese momento, dos hombres se pararon y se fueron. A veces con portazos.” Benjamín me dijo: “Ah, se me olvidó decirte. A veces se van de mis obras.”
Catherine Boyle en su artículo cita a Héctor Noguera quien declara: "Es difícil decir qué es mejor o peor. En cualquiera de estas instancias me siento proclive a pensar que lo suyo [los textos de Galemiri] no es teatro, pero si no lo es, qué es entonces, me pregunto, y concluyo que es teatro, puro teatro. Un teatro que se puede montar, interpretar, leer de mil maneras, pero única e inexorablemente teatro." (132)
Por lo tanto, Boyle identifica claramente el problema con los textos de Benjamín: "(…) los desafíos mayores residen en lo que podríamos llamar lo desenfrenado de la revelación de la subjetividad sexual y de género de Galemiri (…) Las obras de Galemiri presentan problemas serios para las feministas - o, mejor dicho, y en reconocimiento de la subjetividad de la cual voy hablando-, para esta feminista (…) Leyendo y pensando la traducción de otras obras - Déjala sangrar, El lobby del odio, El coordinador, Karl Marx, año zero - es evidente que es imposible negar mi casi total rechazo en principio al sistema sexual y de género que las obras plantean." (136-137)
Visión con la que me siento completamente identificada. Sin embargo, ¡qué placer y dolor poder decir esos texto como actriz y qué dolor y placer tener que escucharlos como espectador! En LA POST-LULÚ o la pena tecnológica, en una escena en que POST-LULÚ se enfrenta a su creador, Galemiri, dice:
NO, NO ESTUVE EN VILLA GRIMALDI
NO, NO ESTUVE EN LA PARRILLA
NO, NO ESTUVE EN EL ESTADIO NACIONAL
NO, NO FUI DETENIDA NI DESAPARECIDA
NO, NO FUI PERSEGUIDA POR LA DICTADURA MILITAR CHILENA
NO ESTUVE EN TREBLINKA
Pido perdón por no haber estado en aquellos dispositivos museales
Yo me demoré dos meses en poder decir esa última línea, pero la dije y otros la escucharon. Es por eso que el remate también viene ahora:
Pero tú tampoco, huevón.
Un poco más tarde POST-LULÚ le dice a Galemiri:
TUVISTE UN PADRE PADRE DE ESOS QUE NO TE DIGO COMO ERAN DE PADRE DE MANERA QUE ESTABAS PREPARADO PARA TODO EN ESTA VIDA
Revelando el histórico diálogo entre Benjamín y su padre, el abogado que le enseñó a hacer dramaturgia mientras preparaba los juicios en los que debía trabajar.
Entonces, un poco antes POST-LULÚ también hace su demanda por justicia e increpa a la audiencia:
YA ES SUFICIENTE
VOY A VOLARLE LOS SESOS A TODOS LOS HIJOS DE PERRA QUE NO ME ACARICIARON
MIENTRAS YO LES REGALABA POR CERO EURO MI IDEOLOGÍA FRÁGIL
ME DEBEN CIEN MILLONES DE EUROS MALDITOS MALOS FORNICADORES EUROPEOS
Ahí entendí por qué se iban los hombres de la obra - no podían tolerar que una mujer les dijera en la cara y durante 70 minutos, lo abusadores que eran, sobre todo cuando no estaba dispuesta a pedir perdón ni reconocer culpa alguna.
De esta forma, POST-LULÚ busca la redención como muchos personajes de Benjamín y en la escena final dice:
Todos somos inocentes a la hora de las horas. Lo que pasa es que Dios nos expulsó del PARAÍSO y ahora queremos volver.
El Jardín del Edén, donde no hay Presidentas ni Presidentes, no hay ladrones, no hay Fondart ni menos Fondo Audiovisual, no hay sexo. Eso sería un gran alivio para mí. Y entonces, los ladrones chilenos serían perdonados pero obligados a errar en soledad por el Jardín del Edén.
En la conclusiones de la tesis con la que me titulé de la Licenciatura en Letras en la Universidad Católica llamada: “Análisis de los elementos esenciales de transexualidad presentes en la poética de la pieza teatral LOS PRINCIPIOS DE LA FE de Benjamín Galemiri” rescaté la definición de Michel Foucault al intentar responder en su texto la pregunta: ¿Qué es un Autor? de 1987:
(…) el autor no es una fuente indefinida de significaciones que llena al mundo; el autor no precede el trabajo, él es un principio funcional certero por el cual, en nuestra cultura, uno limita, excluye, y elige, en pocas palabras, por lo que uno impide la libre circulación, la libre manipulación, la libre composición, descomposición, y recomposición de la ficción (…) El autor es por lo tanto la manera en que tememos la proliferación de sentido.
Esta definición de autoría se ve forzada, en consecuencia, a atravesar lo que el propio Galemiri cree que sucede en su obra, como me dijo en una entrevista que realizamos en 2006: “el espectador entra en unos enigmas, y yo necesito que entre. Entonces, todo el rato pongo sexo pero no es importante, hablo del caso del juicio, pero en realidad no es importante, este tipo está en peligro de muerte, pero no es eso, entonces, ¿qué mierda es?, tampoco lo sé, pero quiero instalar el enigma.”
Por lo tanto, el misterio que implica acercarse a la compleja realidad de un autor y su autoría, como sucede en el caso de Benjamín y su obra, se presenta como plausible de sustentación en el intenso sentido moral y ético que se establece como columna vertebral de su poética y que se manifiesta en la constante discusión sobre el poder y la sexualidad como elementos connaturales a la experiencia humana.
Benjamín señala en la misma entrevista: “(…) yo soy chileno pero en realidad soy judío, o al revés, yo soy judío pero en realidad soy chileno. Es bien interesante (…) porque la moral, claro, la moral es judía porque yo tengo una moral post-toráica, o neo-cabalística que tiene que ver con la Torá pero a un nivel místico, o sea, yo funciono mucho con la ley, con las leyes, y también con las leyes del azar que también están en la Torá y sobre todo en la Cábala.”
Al respecto es significativo revisar el pensamiento de Spinoza, filosofo judío y que Benjamín homenajea con su texto El amor intelectual de 1999:
Las partes fundamentales de la Ética conciernen los temas gemelos de la esclavitud humana y la salvación. Spinoza fomenta la declaración que dice que los conceptos y principios morales no están en el tallo del razonamiento abstracto sino que en nuestros propios deseos. Nuestras evaluaciones morales expresan nuestros sentimientos y emociones, las que a su vez están enraizadas en nuestro motor básico (conatus) de propia-preservación y la persecución del poder (virtus). Spinoza es un hedonista sicológico y moral, quien ve a los seres humanos luchando por maximizar su propio placer y utilidad. Al inicio, nuestras evaluaciones morales son subjetivas, reflejan nuestros propios gustos individuales; finalmente y de todas formas, llegamos a darnos cuenta - que si fuéramos racionales, y que podemos ser racionales - que nuestro placer y utilidad será óptimamente alcanzado dentro de un contexto social en el que la cooperación y la armonía son buscadas.
La preocupación de Galemiri, entonces, es claramente ética para mí. Su configuración de orden hedonista se relaciona con la visión spinoziana. El cosmos de Benjamín propone por medio del destierro de todo principio, el requerimiento de comenzar el inicio de una nueva fe. Una fe que surja a través de la reflexión y la contemplación veraz de los individuos, a través de la aprehensión de un raciocinio cabalístico, metodología que posibilita la lectura entre líneas y por tanto, el develamiento de aquellas premuras naturales que trascienden la urgencia de poder como característico móvil de la estadía en el mundo.
Por lo tanto, el esqueleto dramático de la obra de Benjamín se funda en un definido hilo moral, que sostiene como columna vertebral su preocupación creativa. Este presupuesto elemental de carácter ético, quizás, sería entonces, reflejo de la autoría galemiriana que se constituiría por medio de los elementos elegidos para desarrollar su poética.
Para mí, finalmente es esto lo que dice Benjamín cuando relata en su texto “Un dramaturgo en su infancia eterna”: “Cuando escuché lo que dijo un Rabino en París, ‘lloro por la felicidad del mundo, y río por la tristeza del planeta’, produjo un efecto milagroso en la comprensión de mi propia escritura: mis personajes fingen felicidad, y eso me empuja a una escritura elusiva, falsa, dolorosa e intransigente.” (182)
** Presentación del libro Colección de Ensayos Críticos GALEMIRI, editado por Carola Oyarzún y Cristián Opazo y que cuenta con la colaboración de: Eduardo Guerrero del Río, Mauricio Jara Barría, Chaterine Boyle, Adel Hakim y Benjamín Galemiri. Este lanzamiento se realizó el día martes 25 de Abril de 2017 en BiblioGAM del Centro Cultural Gabriela Mistral en Santiago de Chile.
**Copia del presente texto se encuentra disponible para su libre descarga en el siguiente enlace: Presentación Colección Ensayos Críticos GALEMIRI

